La pregunta fue:

¿Cómo se conecta el Derecho con nuestra existencia, con nuestra realidad?

Y se me ocurrió algo como:

El individuo en soledad no tiene más contraparte que un fragmento de su conciencia que, de todos modos, domina (al menos un poco), al encontrarse con otro individuo y percatarse que existe algo más que sí mismo necesariamente buscarán ambos (pq ambos están en el mismo conflicto, de enfrentarse a un igual pero no a sí mismos) buscarán normas que les permitan convivir y aguantar “un momento siquiera”, nace así la inquietud de fijar algun parámetro ajeno que buscar, al comienzo, el parámetro se expresará en su forma más primitiva y simple: el tácito acuerdo de mirarse o hablarse o no hacerlo, pues al ignorar también se resuelve un poco el conflicto. Pero resulta que las sociedades están hechas de mucho más que dos personas, mucho más que diez y pronto ese “sentir”, esa convención silenciosa toma vida propia y comienza a prescindir de los intervinientes, para convertirse en un algo por sí solo, un algo que tiene estructura y coherencia interna. Ese algo, podríamos pensar, es el Derecho. Derecho que, desde luego, excede a las leyes y a cualquiera de las fuentes formales que uno pueda pensar (estas no son más que materialización acordada de algo mucho más grande) porque es, en su origen y práctica la naturaleza humana expresandose entre los individuos, recubriéndolos y sosteniéndolos en la inclemencia de la incertidumbre de la vida consciente, sirviendo de cohesión de cada uno de ellos así como también de escudo protector entre cada uno de ellos.

Fue sin pensar ni armar mucho y por supuesto que deja espacio a más divagaciones. Genial si hay comentarios.