Aventuras de la vida 4: Respeto y caos en un pequeño colegio

Hace un tiempo encontré unos textos que escribí hace casi once años. Son el relato de un evento, un evento perteneciente acaso a la microhistoria del movimiento estudiantil de 2006 (año siguiente al del relato que estoy comenzando), aunque pienso que no. Era simplemente un desahogo de infancia tardía y esperanzada de que el respeto era algo de verdad importante y que el buen trato era realmente imprescindible (ojo con esto último y lo que escribo al final).

Los textos están intactos, tal como fueron registrados en junio de 2005 con el único detalle de que los nombres fueron reemplazados por las iniciales y, en oportunidades, entre corchetes agregué detalles que contextualizan la problemática.

Jueves 16: Cuatro alumnos de 4° medio B (V. A., B. G., A. G. y C. V.) presencian como la sra B. D. [sostenedora del colegio] falta el respeto al profesor J. H. (de computación). Los alumnos, contrariados al ver como B. D. gritaba e insultaba al profesor decidieron ir a su sala y contar a sus compañeros lo ocurrido. Ese mismo día, el profesor renunció a su cargo. Los alumnos, a modo de manifestación salieron de su sala y se fueron a la mitad del patio, se sentaron en circulo alrededor de un cerro de mochilas que hicieron en el centro de la cancha. La manifestación de descontento pasó casi inadvertida, porque parecía dinámica de grupo, con lo tranquilo que estaban los chicos. Llego el recreo y varios preguntaron porqué todo esto, se les contestó que era por la situación del profesor y porque no era la primera vez que veíamos como la sra B. D. faltaba el respeto a los profesores. El día terminó sin ninguna clase para el 4 medio B, a pesar del insistente llamado del profesor encargado del curso a esa hora.

Viernes 17: Hubo clases normales las primeras dos horas, después del recreo se hizo una asamblea con todos los cursos de media, donde los alumnos del 4°B expusieron a los compañeros lo que había pasado. Tras haber contado lo ocurrido, varios de los concurrentes relataron experiencias similares que reafirmaban la presencia de actitudes incorrectas en la sra B. D. Entre todos deciden enviar misiva a la sra B. D. exponiendo la situación que les afecta, ya que lesiona uno de los valores mencionados, enseñados, reforzados, practicados por todos los profesores de este colegio, independientemente de la administración a su cargo, desde el primer día que llegamos al establecimiento: el respeto a la persona, en uno de sus rasgos más obvios, como es el trato interpersonal respetuoso. Se dio un tiempo para reflexionar en grupos pequeños y de manera ordenada acerca de que puntos se agregarían en dicha misiva que se le entregaría a la sra B. D. Ya que la sra B. D. se retiró del establecimiento haciendo caso omiso de la manifestación, sin siquiera darnos la oportunidad de entregarle la carta y mucho menos hablar con ella, las clases se mantuvieron detenidas hasta finalizar la jornada, estando todos juntos en la mitad de la cancha compartiendo diversos debates sobre variados temas, desoyendo el llamado de algunos profesores de volver a clase.

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asamblea en desarrollo

 

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mi mochila era el punto del siglo de exclamación, a propuesta de mis compañeros.

Lunes 20: Las primeras horas hubo clases normales. B. G. y C. V. traspasaron y re-redactaron la misiva, para luego imprimirla y dar copias de ella a tíos, profesores y secretarías además de entregar una en cada sala, para ser puesta en el diario mural para que todos estuvieran informados de las resoluciones de la asamblea del día viernes 17. Alrededor de las 9.45 de la mañana hubo una nueva asamblea relampago en el galpón, para conversar que ocurriría en el caso que la sra B. D. no llegase, pues ella llega por lo general a las 9.00 de la mañana. Estando ahí, no se llegó a nada nuevo: había que hablar con ella en su oficina, entregarle la misiva y esperar alguna respuesta. La sra B. D. llegó al colegio a eso de 11.40 de la mañana, momento en que el 4° medio B debía rendir una prueba fijada, por razones particulares, B. G. no rindió la prueba y se ofreció para llevar la misiva personalmente a la sra B. D. Cuando B. G. salió de la oficina de la sra B. D., se dirigió a cada sala a comentar su conversación con la sra B., según su relato la sra B. D. cumpliría con los requerimientos expuestos en la misiva. Alrededor de las 6.30 de la tarde, algunos involucrados nos enteramos a traves de una fuente seria y absolutamente confiable de que M. A., directora del establecimiento había sido despedida por ser responsable de los “desordenes” que habían ocurrido en los días anteriores. A todos nos consta que si salimos de las salas fue sin la aprobación de ningún profesor, y que si actuamos como actuamos e hicimos asambleas cuando consideramos necesario, fue a pesar de la invariable negativa de nuestros profesores y de la directora.

 

Este fue el documento oficial que escribí, ya que las circunstancias me habían dejado en una posición de una especie de cabecilla del asunto así que asumí la responsabilidad de que todo quedara claro para todos. Esos días fueron raros, los profes me hablaban piola, fui a oficinas dentro del colegio, algunos compañeros me daban ánimo y me acompañaban. Todos creíamos que era algo importante… en estricto rigor, no había de modo alguno, relación con una problemática nacional, ni siquiera regional sino muy, muy local e inmediata. Lejos de cualquier clase de articulación política o maquinación artera de facción alguna. Como adelantaba, era la infancia clamando por respeto, el respeto que siempre se enseñó, casi a traición pues era parte de la preparación para un mundo en que nadie respeta a nadie y ni aun esa idea, planteada, es respetada (y ni de esto estoy muy seguro).

Recuerdo aun, asumo que borrosamente, que los días siguientes hubo reuniones, profesores pidiéndome que la cortara (¡Y todo había comenzado porque la dueña del colegio se había pasado pa’ la punta precisamente con ellos!) compañeros azuzados por sus conservadores padres para boicotear la movilización desde adentro (ojo que esto fue antes de 2006, año en que definitivamente los escolares como colectividad cayeron en cuenta de que podían hacer lo que querían) y apoderados mismos que, habiendo notado que era yo el que estaba, en cierto modo, armando el barullo me promovían continuar, bajar el ritmo o derechamente me increpaban para que no detuviera más las clases.

Hubo una reunión el día 22 de junio a la que finalmente asistió la sostenedora y enfrentó un poco la situación, no me querían dejar pasar porque yo no era parte del Centro de Alumnos, pero no contaban con que era amigo de ellos que, minutos antes de la reunión me asignaron delegado de actividades extracurriculares o algo así bien fantasioso, para poder entrar y participar. La idea de todos ahí era suavizar el asunto, resolverlo y quedar listos. La noche anterior, recibí llamados en mi casa, era el abogado de la sostenedora que quería hablar con mi mamá, para que me motivara a no continuar, ella linda, le dijo que confiaba en lo que estaba haciendo y no iba a interferir (y, la verdad, es que tampoco estaba muy al tanto, porque como hasta hoy hago, trato de mantener los ambientes separados a menos que sea inevitable y, por sobre todo necesario). Bien, en la reunión que estaba contando, tomé la palabra en un momento y hablé de lo que creía, de mis convicciones que había amasado en ese colegio chico y querido, situado en las entrañas de La Cisterna: el respeto entre las personas, la amabilidad, la pertenencia a una comunidad en que el buen trato era un elemento inherente, etcétera. También me di el tiempo para indicar que “educación no es solo aprender matemáticas y saber que se decía espalda en vez de esparda“, lo que provocó una risa nerviosa de los que estaban ahí, porque… ¡horror! la sostenedora caía en tan lamentable vicio lingüístico además de otros impresentables barbarismos y cacofonías. Aproveché la oportunidad también para mencionar que los profesores no se habían pronunciado, que el Bienestar (un pseudosindicato que no busca pleitos) estaba solo para hacer completadas y que estábamos nosotros, los estudiantes, llamando a que el respeto, como valor humano e intransable no se perdiera. Creo que fui aplaudido, pero ya estaba harto… fue mi doloroso crecimiento, ese momento en que uno se da cuenta de que las cosas que importan no importan. Ese mismo día, en la noche hubo una asamblea de apoderados que, en parte, apoyaban la idea pero no querían más paro. Simultáneamente había otra asamblea de estudiantes, en la que estaba participando y en la que me decidí y comuniqué que no iba a seguir con esto. No por cobardía, ni por cansancio, sino porque estábamos empujando una lucha que no era nuestra. Recuerdo que en ese momento hubo silencio, luego ruido y desorden y entre todos salió una voz de un otrora amigo clamando “Ya, si no necesitamos al Camilo”. Levanté una ceja con sorpresa (no mucha), les dije que lo consideraran, de verdad esto ya no era un problema nuestro, que nunca lo fue y salí, acompañado por varios leales. Después fui a la otra asamblea, hablé con los apoderados y les comuniqué lo mismo, no había nada más que hacer, nunca hubo nada que hacer. “¡Ganaron adultos malditos! ¡Ganaron con su mundo de mierda!” pensaba yo, de vuelta en micro para la casa, masticando la decepción. Al día siguiente escribí el siguiente comunicado en el fotolog que usábamos para compartir fotos del curso

23 junio
Compañeros
Hoy, en la asamblea simultanea que tuvimos los alumnos, mientras en el primer piso los apoderados tomaban las reales decisiones, abandoné mi implicito cargo de “organizador” o “lider” que había desempeñado en el contexto de las movilizaciones criticando inicialmente las faltas de respeto y posteriormente el despido arbitrario de la directora.

Hubo quienes no tardaron en lanzar los dardos hacía mi, con frases como “tirar la toalla”, “salirse a la mala” y cosas por el estilo. También hubo quienes no dudaron en apoyarme, y es precisamente a ellos a quienes me dirijo mediante este medio. Compañeros, camaradas… los quiero y me siento querido por ustedes, y me sentí apoyado por ustedes en ese momento en que fui leal con mis sentimientos, en ese momento en que me desligué del “cargo” porque sentí que ya me estaba perjudicando personalmente.

Compañeros del 4 1/2 B y quienes me apoyaron o por lo menos no comenzaron a atacar inmediatamente, sin tomarse un tiempo para escuchar y procesar el motivo de mi retirada, GRACIAS.

Después de todo, “nuestra lucha” no es tan nuestra como creímos en un principio… estamos haciendo lo que debería hacer un sindicato de profesores. Pero el romanticismo mueve más, ¿cierto?

Algo he aprendido con el tiempo: con quien primero hay que cumplir es con uno, porque con el primero que cuenta es con uno… es como un replanteamiento a un pensamiento quizá individualista, pero no lo considero así, porque no es excluyente de masas.

Los quiero compañeros mios, los quiero y mucho.

Recuerdo toda esta historia ahora, once años después y trato de sacar algo en limpio. Por un lado, he comprobado que es cierto, la adultez significa muchas veces funcionar como un pésimo… pero también es una oportunidad, una oportunidad tremenda ¡TREMENDA! porque, si se llega a ser adulto pero sin olvidar la decencia que muchas veces es propia de la infancia es el momento preciso para actuar, para ponerlo en práctica, para pasar de la idealización a la acción. Es cierto que es dificil, muchas veces la rutina absorbe y el respeto por el otro ser humano, en todos sus niveles. El respeto a las opiniones, el respeto por la existencia, el respeto a la presencia y a la ausencia, a la diferencia, a la igualdad. Es fácil tener la convicción de que fracasamos, de que el mundo está cada vez peor y no somos suficientes para pisar el freno… pero si el planeta explota esta noche, por un capricho norcoreano o porque la capa de ozono desapareció podremos desintegrarnos con la satisfacción de haber hecho lo que pudimos. Quejarse es insuficiente. Las maneras son muchas, desde estar suscrito a un periódico que difunda noticias calladas por los medios masivos de comunicación (v. gr. le monde diplomatique), entregando dinero a agrupaciones que reunen a personas que consagran parte de su vida al activismo (v. gr. greenpeace, riseup, etc) y, lo más importante, con la acción diaria. Botar los desechos en los basureros, asistir a quien necesite ayuda apenas lo veamos y sonreír, en especial a los niños… ellos son los que tienen que quedar convencidos de que pueden hacer algo.

 

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1 Comentario

  1. Wena me acuerdo poco de esa cuestión, pero ciertamente fue uno de los momentos épicos del Lagrange por la relevancia que tuvo. Saludos!

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