5Durante el siglo XX, el deporte ha conseguido una relevancia social muy importante, gracias a la cobertura mediática de la que ha sido objeto y a la oportunidad comercial que se ha visto en éste, abandonando la idea clásica del deporte como una actividad personal dirigida únicamente al acondicionamiento físico o una actividad recreativa que no trascendía más allá de la diversión que su realización traía consigo. Este cambio de paradigma respecto de la forma de entender al deporte, ya no como un contexto en particular en el que podrían suscitarse situaciones, sino como una situación en sí mismo y, por lo tanto, los hechos que ocurran en estas situaciones podrán tener un tratamiento distinto al que tendrían si no se encontraran en éstos. Por situación, entenderemos al conjunto de actividades con finalidad o finalidades determinadas que implican un cambio en la forma de atender a los hechos que, dentro de éstas ocurrieran.

Dentro de los deportes pueden establecerse diversas clasificaciones, entre los que destacan por su relación tangencial con el Derecho Penal los deportes de contacto o de combate. El antecedente occidental de los deportes de contacto proviene desde la Grecia clásica1, en la que se desarrollaban distintos tipos de luchas sin armas que compartían la ausencia de limitaciones con respecto a los daños que un combatiente podía causar a otro, estando el término de los combates sujeto a la puesta de sol2, la rendición de uno de los participantes (la que, en todo caso, se encontraba deshonrosa) o la muerte3. Actualmente un deporte con tales características sería inadmisible, sin embargo, la práctica de los deportes de contacto tolerados hoy por la legislación y la sociedad, no está exenta de la posibilidad de servir de escenario de actos que constituyan un daño a algún bien jurídico.

Dentro de los deportes que no son de contacto pero que sí implican un acercamiento físico entre los participantes se observa con mayor nitidez la línea divisoria entre los daños que están dentro de lo permitido y lo que no, pues el desarrollo del deporte no consiste en la agresión física propiamente tal y, ésta al ocurrir puede ser comprendida, de acuerdo a su contexto, desarrollo y consecuencias como. Esta nitidez no constituye empero, certeza, como queda comprobado en el derecho comparado, precisamente en la sentencia de una corte norteamericana que resolvió una disputa con respecto a las lesiones que sufrió un jugador de fútbol americano: “la violencia del fútbol profesional es cuidadosamente orquestada. Ambos jugadores, ofensivo y defensa, deben ser extremadamente agresivos en sus acciones, y ellos deben jugar abandonando temerariamente sus instintos de autoprotección”4. Aun con tal aclaración, se entiende que el objetivo o elemento determinante en la práctica del mentado deporte (fútbol americano), así como de otros deportes que, sin ser de contacto, su ejercicio contempla un uso desmedido de la fuerza no son lo que, en otra situación podría considerarse un atentado al bien jurídico de la integridad física.

Con respecto a los deportes de contacto propiamente tal, antes de confrontarlos al Derecho Penal, resulta necesario entenderlos de un modo más amplio que su mera práctica pues, para las personas que viven inmersas en el imaginario cultural de los deportes de contacto no es simplemente un deporte sino una forma de enfrentar la vida. A esta forma de vivir, en torno a los deportes de contacto se puede acceder por distintas vías, ya sea como un modo de superar la pobreza, alejarse de problemas familiares o para vivir de la adrenalina que les entrega la práctica de los deportes de contacto5, así como también en la búsqueda de equilibrio espiritual6. Esta pertenencia de sus miembros al mundo de los deportes de contacto, sumado a lo mencionado al comienzo de este trabajo, que es la importancia comercial que implica la realización de los eventos en que estos deportes se exhiben dejan de manifiesto que es necesario aplicar un tratamiento distinto a los actos que, en el marco de éstos, se desenvuelven.

Las agresiones dentro de los deportes de contacto son realizadas por personas que tienen una preparación especial para ello, sujetas a normas internas propias de la competición en específico de que se trate, consistentes en prohibición de ciertos tipos de golpes así como también de determinación de las causales de triunfo o de término de una pelea. Las normas internas, desde luego, transgreden lo establecido por la ley, específicamente en lo respectivo a las lesiones graves que se explican en los artículos 397 y 399 del Código Penal.

Art. 397. El que hiriere, golpeare o maltratare de obra a otro, será castigado como responsable de lesiones graves: 1°. Con la pena de presidio mayor en su grado mínimo, si de resultas de las lesiones queda el ofendido demente, inútil para el trabajo, impotente, impedido de algún miembro importante o notablemente deforme. 2°. Con la de presidio menor en su grado medio, si las lesiones produjeren al ofendido enfermedad o incapacidad para el trabajo por más de treinta días.

Art. 399. Las lesiones no comprendidas en los artículos precedentes se reputan menos graves, y serán penadas con relegación o presidio menores en sus grados mínimo o con multa de once a veinte unidades tributarias mensuales.

El artículo 397 resulta más esclarecedor en cuanto determina los verbos rectores de la lesiones: hiriere, golpeare, maltratare de obra quedando para el resto del artículo, por su parte, el artículo 399 se encarga de los las lesiones que no hayan sido comprendidas en los artículos anteriores.

Atendiendo a los resultados que pueda tener un combate, resulta atinente también observar lo dispuesto en el artículo 410 números 2 y 3 del mismo cuerpo legal, que indican las obligaciones del agresor para con el agredido durante el tiempo que éste se encuentre incapacitado para trabajar:

Art. 410. En los casos de homicidio o lesiones a que se refieren los párrafos I, III y IV del presente título, el ofensor, a más de las penas que con ello se establecen, quedará obligado: 2°. A pagar la curación del demente o imposibilitado para el trabajo y a dar alimentos a él y a su familia. 3°. A pagar la curación del ofendido en los demás casos de lesiones y a dar alimentos a él y a su familia mientras dure la imposibilidad para el trabajo ocasionada por tales lesiones. Los alimentos serán siempre congruos tratándose del ofendido, y la obligación de darlos cesa si éste tiene bienes suficientes con que atender a su cómoda subsistencia y para suministrarlos a su familia en los casos y en la forma que determina el Código Civil.

En este punto del trabajo, estamos en condiciones de establecer un punto de unión entre el Derecho Penal y los deportes de contacto, pues las lesiones producidas en el contexto de la práctica de estos últimos podrían considerarse elementos propios del trabajo, por lo tanto el padecimiento de las consecuencias de los golpes, heridas o maltratos de obra serían inherentes al trabajo mismo, lo que conlleva a la siguiente pregunta ¿Es el deportista un trabajador? Esta duda se resuelve al acudir al artículo 152 bis B, letra a) del Código del Trabajo:

Art. 152 bis B.- a) Deportista profesional, es toda persona natural que, en virtud de un contrato de trabajo, se dedica a la práctica de un deporte, bajo dependencia y subordinación de una entidad deportiva, recibiendo por ello una remuneración.

Importará entonces la pertenencia a una entidad deportiva para que el deporte pueda definirse como profesional, esto excluye a la práctica clandestina o no regulada de los deportes de contacto para efectos de tener un tratamiento diferente por parte del Derecho Penal. Esta aclaración también abre la puerta para plantear que el deporte de contacto, cuando se desarrolla de manera profesional, es decir, como un trabajo se encuentra en una posición tal que no resultaría disparatado indicar que goza de una especie de lex artis que, justificada en la naturaleza de una actividad determinada reviste de una protección a personas determinadas con respecto a la sanción de ciertos actos, siempre que éstos se realicen bajo ciertas condiciones especiales y en las proporciones y medidas que la normativa propia de la actividad requiera que se realice.

Aun cuando resulta difícil comparar a un facultativo de la medicina con un boxeador o un karateka, ambos, debido a su actividad tienen permitido realizar actos que si fueran realizados en otro contexto, constituirían delito bajo una óptica exegética y limitada, así encontramos que un médico podrá amputar una parte del cuerpo con tal de salvar al paciente de un mal mayor, sin embargo no mediará malicia que es lo que, según el artículo 396, requiere para configurar el tipo legal. Así mismo, el deportista que causare lesiones graves, por ejemplo, notable deformidad a otro no lo habrá realizado con la intención de lograr tal resultado, sino que esto será cometido simplemente con lo que la doctrina penal llama un dolo eventual. Bajo igual situación podremos situar al médico que, aun a sabiendas de que una amputación podrá causar dolor lo hace en pos de un objetivo distinto: salvar una vida. El objetivo del deportista, ciertamente no será salvar una vida, sino desarrollar un ejercicio pleno de la actividad que está desempeñando la cual requiere para su éxito provocar flaqueza en su adversario por medio de sucesivos golpes y tormentos corporales, además de eso, es apropiado contemplar que el deportista está cumpliendo con un contrato de trabajo el que, si bien, no le exige triunfar en todos los encuentros, si le impone el deber de realizar su actividad con la mayor virtud posible. Los daños que sufra el contrincante serán siempre, meros medios para la consecución del objetivo del deportista.

Finalmente resulta menesteroso indicar que en ningún momento ha de perderse la claridad de que, si el deportista realiza actos conscientemente dirigidos a causar una agresión mayor que lo necesaria o empleando medios o prácticas no contempladas dentro de la disciplina que está desarrollando podrá considerarse que está actuando fuera de su lex artis y, por lo tanto no estaría cubierto por la protección propia de su ocupación, tal como ocurriría con un facultativo de la medicina si ejerciera su labor con un objeto distinto al que le es inherente a su ocupación.

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1 Orígenes de los deportes de lucha modernos. La defensa personal.
http://ladefensapersonal.es/lucha/origenes-deportes-lucha-modernos

2 Pankration, an ancient martial art, Fotopolou, S. Newsfinder, 2003. http://newsfinder.org/site/more/pankration_an_ancient_martial_art/

3 Pancracio, la lucha total griega. La cúpula del trueno.
https://cupuladeltrueno.wordpress.com/2012/01/16/el-pancracio-la-lucha-total-griega/

4 «TThe violence of professional football is carefully orchestrated. Both offensive and defensive players must be extremely aggressive in their actions, and they must play with reckless abandonment of self-protective instincts.” Hackbart v. Cincinnati Bengals, Inc., 435 F. Supp. 352, 355 (D. Co. 1977), rev’d 601 F.2d 516 (10th Cir. 1979), cert. denied 444 U.S. 931 (1979).
http://sportslaw.uslegal.com/sports-violence/#sthash.BsAGICaL.dpuf

5 Why they fight, why we watch?, Posnanski. J. SportsWorld NBC.
http://sportsworld.nbcsports.com/why-they-fight-why-we-watch/

6 The spiritual dimension of the martial arts, Buratti, R. 2014, New Dawn Magazine. http://www.newdawnmagazine.com/articles/the-spiritual-dimensions-of-the-martial-arts