Estos dos microcuentos los escribí para Santiago en Cien Palabras. Si mal no recuerdo, nunca los envié. La verdad es que me carga la idea de que alguien me evalúe lo que escribo. No es que yo sea muy bueno, para nada, lo que pasa es que estoy convencido de que yo soy mi escala (y así con todas las personas), entonces ser evaluado por otro ser… no sé, no sé. Tal vez los jueces analicen ritmo del relato, cosas técnicas, etc. prefiero el sentir honesto y humilde, compartir con quien quiera recibir. No evaluar ni atender evaluaciones. No me extiendo más.

Manifestación estomacal

Arranqué lo más rápido que pude, pero el fuego ya estaba delante de mí. Los gritos catárticos de los que serían mis compañeros de trinchera, acompañaban fieles el escenario: una ruidosa marcha. Ansiaba ir al baño, pero la masa me llevaba en otra dirección. Malintencionados chorros de agua, baños de gases en plena calle me hicieron desistir de aguantarme, en plena Alameda me bajé los pantalones e hice lo que necesitaba hacer. Apenas terminé, empecé a correr… ahí venía un lanzaaguas de nuevo.

 

Confundido, el cielo se aclaró

Las amarillas nubes nocturnas se aclararon y pude recién descubrirme bajo un pequeño banco de plaza, canturreando alguna canción gritona. La luz, cuando llegó, me golpeó en la cara tan fuerte como mi madre, al echarme de la casa con apenas la ropa que llevaba puesta. La plaza donde dormí, poco a poco fue cambiando y noté que mi pieza. Por alguna extraña razón estaba bajo el escritorio gritando incoherencias. Me arreglé, me despedí de mi mamá y al abrir la puerta para salir me encontré de nuevo bajo el pequeño banco de plaza.