Desde siempre me han llamado la atención las conspiraciones, no por su eventual realidad, sino por los malabares con que se sostienen. Generalmente, quienes las proponen y explican plantean problemas dentro de una lógica que no admite mucha discusión, en el sentido de que la conversación dificilmente girará hacia una dirección que no termine sino en una conspiración. Ejemplo: varias tribus ancestrales dibujaban personas volando en sus documentos sagrados, obviamente se referían a antiguos astronautas que se comunicaban con ellos. Se establece con una inmediatez impresionante una cantidad enorme de relaciones causales que, si uno considerara con más detención quizá podrían llevar a otras conclusiones como, por ejemplo, que dibujar personas volando simbolizaba la ascención de su espíritu a un estado superior o, mejor aun, era una representación deficiente de la perspectiva (es decir, no estaban más arriba, sino más «al fondo»).

En la edición de julio de 2015 de la edición chilena de Le Monde Diplomatique fue publicado un artículo que lleva por título «Diez principios de la retórica conspiracionista». Lo comparto a continuación con un ánimo muy lejano a la intención de piratear el contenido de la revista, sino como una forma de difusión e invitación a los lectores de esta página mía a que se suscriban a este periódico que tan bien haría a nuestra sociedad demente si la leyera en masa.
titul conspSi bien hay un montón de referencias a Francia, considero que se entiende y comparte con facilidad el fondo del artículo o acaso ¿Tu también le seguirás creyendo a los medios masivos de comunicación, que conspiran constantemente para tenernos más idiotas que nunca?

PS: sí, el articulo fue fotografiado por segmentos.