El lío con la droga

Desde hace un tiempo hasta ahora, la marihuana ha pasado desde el cuarto oscuro y clandestino (pero masivo) en que solía habitar hacia el plato central de la discusión familiar y social en Chile. Es razonable, después de todo, los medios de comunicación en un esfuerzo mancomunado han dado espacio a los promotores de la despenalización de la cannabis y, con eso, obviamente han hecho brincar de regreso a los contrarios.

Durante el gobierno de Piñera, la institución relacionada con la drogadicción y su forma de ser atendida por el Estado fue categórica en su oposición a la idea, siquiera, de discutir al respecto. En el gobierno anterior (y que hoy hace uso de su vale otro) el trato no fue distinto, al punto que fue durante el mandato de Bachelet cuando la marihuana quedó considerada al nivel de las drogas duras. Partiendo por esto, ¿Qué implica que la marihuana sea una droga dura? Vamos a ver:

La ley 20.000 establece diferentes sanciones con respecto a diversas drogas, sin embargo, no es en sí misma en que se especifica la clasificación de éstas. Para acceder a esta distinción, hay que revisar el reglamento de la ley 20.000 que sanciona el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias sicotrópicas y sustituye la ley 19.366. Este reglamento figura en el decreto 867, del 19 de febrero de 2008, en éste, la cannabis es enlistado bajo el siguiente artículo:

Califícase como sustancias o drogas estupefacientes o sicotrópicas, productoras de dependencia física o síquica, capaces de provocar graves efectos tóxicos o daños considerables a la salud, a que se refiere el inciso primero del  artículo 1 de la ley 20.000, a las siguientes.

Entre muchas otras drogas, por ejemplo, la anfetamina, la cocaína, la heroína, la ketamina, la mescalina y la metanfetamina, aparece listada la marihuana en los siguientes términos:

Cannabis, resina de
Cannabis (cáñamo índico) sumidades floridas o con frutos de la planta del género cannabis de las cuales no se ha extraído la resina, cualquiera que sea el nombre con que se designe.
Cannabis, extractos y tinturas de

La definición que encabeza la calificación de drogas del artículo 2 no varía en cuanto a la definición de la anteriormente expuesta, sino en cuanto al inciso del artículo 1 de la ley 20.000 que se refiere. Dentro de esta segunda calificación encontramos drogas tales como: alprazolam, bromazepam, clonazepam, codeína, metadona, sibutramina, entre otras.

La referencia que hacen, tanto el artículo 1 como el 2 del reglamento de la ley 20.000 que estamos revisando, indican la pena con que serán sancionados quienes elaboren, fabriquen, transformen, preparen o extraigan la sustancia. En el primer caso, la sanción corresponde presidio mayor en sus grados mínimo a medio y multa de cuarenta a cuatrocientas unidades tributarias mensuales; en el segundo, podrá rebajarse la pena hasta en un grado. En términos coloquiales, quien elabore, fabrique, transforme, prepare o extraiga, por ejemplo, marihuana, cocaína o heroína arriesga estar entre cinco años y un día y quince años preso. Quien consiga de igual forma sustancias como, por ejemplo, alprazolam, codeína o sibutramina estará arriesgando a estar preso por tres años un día hasta quince años.

El ánimo del legislador en cuanto a las sustancias psicotrópicas es, ciertamente, atraparlas por todos los flancos posibles y, para tal efecto dispone en el artículo en el reglamento.

Artículo 5: Califícase como especies vegetales productoras de sustancias estupefacientes o sicotrópicas, a que se refiere el artículo 8º de la ley Nº 20.000, las siguientes:
Cannabis Sativa L Cacto Peyote Catha Edulis (Khat) Datura Estramonium L Hongo Psilocide Eritroxylon Coca Papaver Somniferum L Salvia divinorum (salvinorina A)

El mentado artículo 8 de la ley 20.000 dispone:

Artículo 8º.- El que, careciendo de la debida autorización, siembre, plante, cultive o coseche especies vegetales del género cannabis u otras productoras de sustancias estupefacientes o sicotrópicas, incurrirá en la pena de presidio menor en su grado máximo a presidio mayor en su grado mínimo y multa de cuarenta a cuatrocientas unidades tributarias mensuales, a menos que justifique que están destinadas a su uso o consumo personal exclusivo y próximo en el tiempo, caso en el cual sólo se aplicarán las sanciones de los artículos 50 y siguientes.

Aun estamos revisando sólo lo relativo a la sanción por la producción (elaboración, fabricación, transformación, preparación, extracción) de sustancias. Veamos ahora que ocurre con otras actividades que se pueden realizar con las sustancias ilícitas. Revisemos el artículo 4 de la ley 20.000:

Artículo 4º.- El que, sin la competente autorización posea, transporte, guarde o porte consigo pequeñas cantidades de sustancias o drogas estupefacientes o sicotrópicas, productoras de dependencia física o síquica, o de materias primas que sirvan para obtenerlas, sea que se trate de las indicadas en los incisos primero o segundo del artículo 1º, será castigado con presidio menor en sus grados medio a máximo y multa de diez a cuarenta unidades tributarias mensuales, a menos que justifique que están destinadas a la atención de un tratamiento médico o a su uso o consumo personal exclusivo y próximo en el tiempo.

Acá aparecen problemas porque ¿Cómo determinar cuanto es una pequeña cantidad? y ¿Cómo determinar que la sustancia está destinada al consumo personal exclusivo y próximo en el tiempo? En cuanto a las cantidades, el legislador no ofrece más solución que dejar el problema a los jueces. El consumo personal y exclusivo tiene una definición en negativo en el inciso final del artículo recién citado.

Se entenderá que no concurre la circunstancia de uso o consumo personal exclusivo y próximo en el tiempo, cuando la calidad o pureza de la droga poseída, transportada, guardada o portada no permita racionalmente suponer que está destinada al uso o consumo descrito o cuando las circunstancias de la posesión, transporte, guarda o porte sean indiciarias del propósito de traficar a cualquier título.

Y vuelve a surgir la incertidumbre: ¿Cúanta droga es suficiente para no permitir racionalmente suponer que está destinada al uso o, en cambio, para traficar a cualquier título? ¿¡Porque nos abandonas al razonamiento personal, legislador!?

Como habrá reparado el buen lector, en la cita precedente, se menciona el tráfico a cualquier título. ¿A qué se refiere esto? buceémos más en la ley… hey, no hay que avanzar tanto. Está en el artículo 3:

Artículo 3º.- Las penas establecidas en el artículo 1º se aplicarán también a quienes trafiquen, bajo cualquier título, con las sustancias a que dicha disposición se refiere, o con las materias primas que sirvan para obtenerlas y a quienes, por cualquier medio, induzcan, promuevan o faciliten el uso o consumo de tales sustancias.
Se entenderá que trafican los que, sin contar con la autorización competente, importen, exporten, transporten, adquieran, transfieran, sustraigan, posean, suministren, guarden o porten tales sustancias o materias primas.

Entonces por tráfico entenderemos: importar, exportar, transportar, adquirir, transferir, sustraer, poseer, suministrar, guardar y portar. Además de la llamativamente diligente actitud del texto legal, de mencionar las formas de traficar, una por una, figura un elemento interesante (y preocupante): el tráfico recae sobre las sustancias o materias primas. ¡Pero si las materias primas no están revestidas de la naturaleza propia de las drogas! (como ya fue mencionado previamente: productoras de dependencia física o síquica y capaces de provocar graves efectos tóxicos o daños considerables a la salud) y, aun cuando pueda entenderse que esta disposición actua de forma preventiva ¿Es razonable que se sancione el tráfico de materias primas de igual forma que el tráfico de las sustancias? Quizá mi búsqueda de coherencia sea majadera, pero tener una semilla no convierte a en traficante a quien aun nisiquiera la planta ¿Cierto? Bien, pero esto tiene una explicación de todos modos… en el artículo 4, revisado hace algunos párrafos se establece que poseer, transportar, guardar o porte consigo materias primas puede hacerse sólo con autorización. De hecho, ya hemos visto varias apariciones con respecto a la autorización. ¿Quíen autoriza y a qué?

El artículo 9 indica que la autorización será otorgada por el Servicio Agrícola y Ganadero. La autorización, desde luego, eliminará la responsabilidad penal de todos los actos mencionados en la ley 20.000 que sean delitos para quienes no estén autorizados (ya hemos visto varios).

El consumo está sancionado como falta según el lugar en que se realice, según el artículo 50:

  • consumo en lugares públicos o abiertos al público (calles, caminos, plazas teatros, cines, hoteles, cafés, restaurantes, bares, estadios, centros de baile o de música) o en establecimientos educacionales o de capacitación.
  • consumo en lugares o recintos privados, si se hubiesen concertado para tal propósito.

De la segunda propuesta del artículo 50 podría desprenderse que, si no hubiese habido concierto para el consumo en un lugar privado y ninguna persona hubiese traído consigo la droga (porte), ni el dueño de casa la hubiera tenido (producción) y los contertulios decidieran consumir la sustancia ilícita que apareció por generación espontánea en ese exacto momento no estarían incurriendo en delito alguno. Suena de lo más absurdo, porque sí, me estoy refiriendo al dificil escenario de que en una reunión de amigos aparezca un duende mágico y le regale un pito (o línea, o estampilla, etc) a cada uno. Pero abre una brecha de cuestionamiento a la ley ¿Cúal es el bien jurídico que protege? Si fuera la integridad física o síquica de la persona, sancionaría el consumo en cualquier escenario, aun cuando no medien las circunstancias previas necesarias (producción o tráfico) para conseguirla. La ley, entonces, parece que no está protegiendo a las personas sino a «otra cosa». Es complicado tratar de decir que es esa «otra cosa» sin caer en la tentación de pensar en teorías de conspiración. Haré el esfuerzo, pero me parece razonable que, en el fondo, lo que se está protegiendo es a un grupo económico que se encarga de producir vicios con autorización del Estado. Si la posibilidad de crear drogas recreativas llegara a cada uno de los hogares pues, gran parte de las drogas perseguidas por la ley 20.000 pueden producirse mediante el sencillo método de plantado, pondría en problemas a los productores oficiales de drogas recreativas (tabaqueras y productores de destilados y fermentados) pues tendrían una competencia no identificada, que invertiría muy poco (no discutiremos sobre las diferencias de precios entre una semilla,un  macetero, tierra y fertilizantes y la industria completa necesaria para fabricar bebidas alcoholicas y tabaco) y que probablemente daría independencia a sus consumidores. Me refiero, en todo esto último, desde luego a la marihuana propiamente tal, pues la dependencia, daño y costo que provoca la cannabis ciertamente no es la misma que la cocaína o la heroína que son derivados de procesos químicos y que generan daños seriamente comprobados e irreversibles en la integridad física y síquica de las personas.

¿Qué queda esperar y qué se puede hacer? Como ciudadano de a píe, considero que el primer paso para imaginar un Chile en el que no se persiga a los consumidores de marihuana, muchos gente decente que trabaja bien y vive sus vidas sin mayor escándalo ni fastidio para nadie, es empezar a elegir autoridades que muestren una posición comprometida con la libertad de consumo. En las elecciones presidenciales pasadas resultó electa Bachelet así que, al parecer, la mayor parte de la población chilena (interesada, al menos, infimamente en la política) continúa con su adicción a los bonos y al populismo.

Vínculos utilizados
Ley 20.000
Reglamento de la ley 20.000 que sanciona el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias sicotrópicas y sustituye la ley 19.366

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1 Comentario

  1. Bárbara

    Igual podemos coleccionar semillas sin irnos presos! Jajaja

    Me gustó! Camilo al Congreso! Jajaja 🙂

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