La vida en el bosque de Thoreau

El día de hoy escribo para invitar a leer un ensayo publicado en 1854, escrito por Henry Thoreau. El texto se llama Walden: la vida en los bosques y en él, Thoreau cuenta su experiencia personal de vivir en una cabaña que construyó el mismo a orillas del lago Walden, en la que vivió solo por dos años. En el tiempo que estuvo ahí reflexionó sobre la vida en general, cayendo en cuenta de cosas que aveces uno considera tan evidentes que las obvía sólo por ese motivo como, por ejemplo, la poca importancia que le damos a nuestro tiempo libre o lo absurda que es la vida destinada a cumplir tareas que nunca terminarán.Ya desde el comienzo, el autor no vacila en anticipar que escribirá desde su propia perspectiva y, aun cuando tal amenaza haga temer un mesianismo implicito, descubriremos con gran agrado en los siguientes párrafos que más que la intención de dictar una soberbia cátedra de como debería ser la vida es una humildad y honestidad enorme la que desborda su relato relajado pero comprometido.

Las únicas citas o, más bien parafraseos son a Confucio tratando de sintetizar las ideas que está exponiendo, para no redundar en explicaciones y la ausencia de referentes cercanos en tiempo o espacio a Thoreau hacen que uno, lector en el siglo XXI, no se sienta ajeno o leyendo las ideas de alguien que está completamente en otro momento y lugar que nosotros… al menos en apariencia.

Al leer este ensayo hice algunas marcas a partes que realmente me conmovieron y que compartiré a continuación no sólo con ánimo de que sirvan de elemento material para invitar con ahínco a la lectura de Walden, sino para manifestar mi apoyo personal a lo que manifiestan.

Debemos aprender a volvernos a despertar, y a mantenernos despiertos, no con ayuda mecánica, sino por medio de una infinita espera de la aurora, que no nos abandone en nuestro sueño más profundo. No sé de un hecho que anime más que la incuestionable capacidad del hombre para elevar su vida gracias a un esfuerzo consciente.

Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida; ¡es tan hermoso el vivir!

Tuve al menos esta ventaja en mi modo de vivir sobre aquellos que para divertirse están obligados a mirar afuera, hacia la sociedad y el teatro, pues mi vida misma llegó a ser mi diversión y nunca cesó de ser novedosa.

Con frecuencia solían decirme: “Me atrevo a pensar que usted se siente solo por allí y que desea estar más cerca de la gente, especialmente en los días y noches de lluvia y nieve.” Suelo tener deseos de contestar a esas gentes: “Este planeta entero donde vivimos no es más que un punto en el espacio. ¿A qué distancia creen ustedes que viven los dos habitantes más lejanos de aquella estrella, el ancho de cuyo disco no puede ser apreciado por nuestros instrumentos? ¿Por qué habría de sentirme solo? ¿No está nuestro planeta en la Vía Láctea?”. No me parece que esa pregunta que me han formulado sea la más importante. ¿Qué clase de espacio es el que separa a un hombre de sus semejantes y le hace sentirse solitario? He descubierto que ningún movimiento de las piernas puede aproximar a dos mentes. ¿Cerca de qué queremos vivir nosotros, principalmente? Seguro que no ha de ser de muchos hombres.

Finalmente, comparto un fragmento que me parece tan fuerte y trascendental como el anterior, en que la simpleza de lo complejo evoca a lo más primitivo del sofisticado ser que día a día nos tratamos de convertir. La observación sigilosa de un niño pequeño al darse cuenta que tras el agua las cosas se ven diferentes, los ojos despiertos del hombre en formación al entrar en razón de que su materialidad finita es aun más finita de lo que pensaba… a ese tipo de cosas me refiero, quizá tan ínfimas y sutiles que hacen olvidar que su pequeñez no es más que un camuflaje casi infranqueable para las verdades más grandes.

¡El primer gorrión de la primavera! ¡El año comienza con una esperanza más joven que la que nunca hubo! Los débiles trinos plateados que se oyen en los campos húmedos y parcialmente desnudos procedentes del azulejo, del gorrión cantor y del malvís, parecían como si los últimos copos del invierno tintinearan al caer. ¿Qué son en un tiempo como este las historias y cronologías, las tradiciones y todas las revelaciones escritas? Los arroyos cantan villancicos y gozos a la primavera. El gavilán, volando cerca de la pradera, busca ya la primera vida que despierta en el légamo.

Cruel sería de mi parte invitar a leer, comentar y citar Walden: la vida en los bosques de Henry Thoreau si no lo dispusiera libremente para ser leído. Para tal efecto, dejo el link a continuación de descarga directa.

DESCARGAR WALDEN: LA VIDA EN LOS BOSQUE

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1 Comentario

  1. Saludo y respeto por usted y Walden. Hay aun pequeños bosques por aqui, imperceptibles generalmente, pero si uno los encuentra, créame usted que surge fluida la inmediata interrogación acerca de la necesidad de alargar el espacio entre uno y los otros hombres, entre otras, abismantes y azules.

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