Ojo piojo: este artículo comienza con un poquito de información técnica, pero luego devienen pasajes inesperados, que rozan lo esotérico y existencial. No lo pases de largo sólo porque no eres conocedor de las máquinas.

Desde hace unos días estoy usando harto Emacs y hoy vengo a escribir sobre aquello. Primero, lo primero: ¿Qué es Emacs? es un editor de texto con gran cantidad de funciones. Usado especialmente por programadores y usuarios técnicos. La primera versión salió en 1975, escrita por Richard Stallman y Guy Steele. El manual de Emacs lo describe en los siguientes términos: un editor extensible, personalizable, autodocumentado y en tiempo real. Todo esto aparece en wikipedia, pero mi plan con esta entrada es dar una vuelta de tuerca al asunto técnico y tratar de arribar a alguna explicación o motivo para que alguien, que no es un usuario experto ni programador pueda interesarse en usar Emacs. Como yo.

Buscando en google la misma frase que lleva mi artículo de título “¿Porqué usar Emacs?” encontré una página que enumera algunos motivos:

  • Emacs es software libre, eres libre para usarlo como quieras.
  • El 90% de lo que hacemos delante de un ordenador es editar texto (escribir correo, programar, escribir documentos, escribir a través de la web, …), si podemos usar un “solo” editor seremos más productivos en nuestro quehacer cotidiano.
  • Si eres programador emacs tiene modos para que seas muy productivo en casi cualquier lenguaje.
  • Emacs es el mejor editor de lenguajes de marcas con todo lo que ello implica.
  • Emacs es muy, muy configurable.
  • Emacs es fácilmente extensible.
  • Usando emacs de paso aprendes lisp.
  • Aprendiendo atajos de Emacs de paso aprendes los de bash.
  • Emacs innova en el ámbito de los editores de texto. ¡Es el editor más avanzado!.
  • Emacs es el editor de los hackers de la IA.
  • Con emacs hasta el cuerpo administrativo aprende a programar.

Taché los motivos que tienen relación con ser programador, hacker, mago de la informática y etc, porque en realidad, al menos a mí, no es lo que me interesa. Esto tiene que ver con algo más profundo, aunque suene medio raro o cómico, incluso, veo en reducir la calidad gráfica de la vida informática una vía para la iluminación.

¡¿Que qué?!

Me carga citar frases ajenas, pero de vez en cuando lo hago, como ahora. Mahatma Ghandi dijo: Si no vives como piensas, terminaras pensando como vives. Internet y todo el mundo de imágenes que uno encuentra en el universo virtual tiene la inherente intención, en cualquiera de sus expresiones, de representar algo que no es. Las fotos nunca podrán ser la imagen que quieren mostrar, así como las letras nunca podrán ser el sonido de la voz de quien las escribió. Desde hace un tiempo hasta hoy, me he decidido simplificar mi vida, en el sentido de quitarle los atavíos espectaculares a lo que pienso, digo y hago. No es algo fácil, para nada. Después de todo, la misión que me he ofrecido es disminuir el grosor de la barrera que separa al pensamiento mismo con la percepción de la existencia. Sin duda, advertiréis, doy por sentado el paradigma platónico de la existencia del mundo material y el de las ideas y, sin ánimo de quebrar esa dualidad, lo que planteo es, en vez de exacerbar la importancia de uno u otro, disminuir la brecha que los separa para que se mezclen y, con el quiebre que produce el enfrentamiento (hablo de dialéctica pura) entre los mundos generará la existencia de un nuevo estado. En ese estado quiero vivir: armonizar lo que pienso con lo que hago, de tal modo que lo uno no deje tirante a lo otro. Es un proceso lento y dificil, pero ya que he visto el camino que quiero seguir, simplemente tengo que dar los pasos. Volvamos con Emacs.

Emacs sirve para enviar y leer correos electrónicos, navegar en internet, twittear, escribir documentos, escuchar música, publicar cosas en internet (es lo que estoy haciendo ahora) y chatear, que son las cosas que, al menos yo, suelo hacer cuando estoy en el computador, es decir, satisface las necesidades que hace rato tenía resultas usando Mozilla Firefox (navegar y hacer cosas internéticas), LibreOffice (escribir documentos), VLC (escuchar música) y Pidgin (chatear) pero todo desde un mismo sitio. ¿Es fácil? No, para nada. En Emacs, el mouse se vuelve prescindible pues todo puede hacerse usando combinaciones de teclas que, dicho sea de paso, no son las que usualmente uno ocupa, porque Emacs tiene su propio “lenguaje de combinaciones”. Es distinto a muchas cosas que he probado en informática en general. Remedo, más que complejo, es distinto. El tiempo al hacer cosas se optimiza, con un par de tecleos domino todo lo que quiero hacer, cualquier acción se vuelve más fluída y consigo conectar de forma más rápida lo que quiero hacer con lo que estoy haciendo. A pesar de que es posible, tras ciertas configuraciones, visualizar imágenes o ver colores en las páginas en que uno navega, por defecto no aparecen, evitando distracciones cuando leo algo. Quizá esto reste atractivo rápido a todo lo que uno ve mientras navega, puesto que esa es la promesa de la tecnología y el futuro: toneladas de información en diversos formatos y dimensiones, todo simultáneo e inmediato, el tiempo de comunicación reducido a fragmentos de segundos, interconectividad total, etc. Pero, como seres humanos ¿realmente somos capaces de asimilar (recibir, ver, entender) todo eso, a esa velocidad? Pues no. Emacs reduce la exposición de información hasta lo estrictamente necesario, porque carece de elementos distractores. Ese es uno de los grandes motivos de porqué me gusta usar Emacs.

Otra de las cosas que me gusta de Emacs, se debe a su propia naturaleza: como es un programa para programar y pensado para usuarios técnicos que, como buenos matemáticos, siempre querrán optimizar sus tiempos para generar cualquier cosa, Emacs está provisto de un montón de funciones que reducen los tiempos para hacer cosas que, si bien, son esfuerzos ínfimos, al sumarlos, dificilmente equivaldrían a media hora a la semana. Me refiero a irrisorias funciones como que, por ejemplo, haya una combinación de teclas para que, cuando uno escribe, el cursor avance hasta la próxima palabra (sin tener que apretar →→→→). Es nada, es cierto, pero la satisfacción de dejar de perder esos dos segundos que, en la tormenta del pensamiento pueden ser decisivos, es invaluable. Aun a riesgo de exagerar, la fluidez al momento de escribir en Emacs, me recuerda la historia en que Ganesha ayudó a escribir a un sabio más de seis millones de epopeyas. Emacs es una miniversión de Ganesh que ayudará a que no perdamos tiempo en formalidades mientras plasmamos nuestras ideas.

Los motivos que mencioné anteriormente son las cosas que encuentro positivas de Emacs, desde el punto de vista de un usuario común y corriente, sin ánimo de programar sino sólo de usar una herramienta de la forma más eficientemente posible. Con todo, sería grandemente desleal de mi parte si no menciono un problema que tiene Emacs: es complejo de domar. Para ser sincero, no considero que la complejidad de Emacs (que, más que nada, consiste en aprender muchas cosas) sea un problema, sino solo un proceso de aprendizaje como tantos otros (y que como humanos vivos que somos, en nuestro fuero interno, si tenemos convicción, nunca será motivo de pesar); entonces, debo advertir a quien, tras leer mis motivos para usar Emacs se sienta inspirado a intentarlo también, no pierda de vista que es un camino un poco pedregoso y, por momentos, fatigante, pero que traerá consigo mucha libertad para desarrollar su pensamiento, al menos por medio de la escritura, sin los estorbos propios que caracterizan a esta era en que vivimos, repleta de elementos distractores e ideas llamativas en todas las direcciones que impiden, muchas veces, seguir una idea sin caer en otras tantas en el camino.

No daré información técnica sobre Emacs porque si buscais en google encontraréis.